Influencers de IA: guapos, falsos y con millones de fans
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Cuando el algoritmo es más atractivo que la realidad
Imagina descubrir que el tipo musculoso que sigues en Instagram —ese que postea fotos en la playa y te da 'me gusta' en tus comentarios— es, en realidad, un modelo generado por inteligencia artificial. Para millones de usuarios, esa revelación llegó de golpe gracias a un momento viral en una alfombra roja. La reacción colectiva fue, básicamente, un encogimiento de hombros digital.
Estos creadores de 'thirst traps' con IA no son un experimento marginal. Son cuentas con cientos de miles de seguidores, monetización activa y una comunidad que interactúa con ellos como si fueran personas reales. Sus operadores —humanos detrás de la pantalla— argumentan que son incomprendidos: no están engañando a nadie, dicen, solo entreteniendo. El problema es que la línea entre entretenimiento y manipulación emocional es cada vez más borrosa.
Lo más revelador no es la tecnología en sí —los modelos generativos ya permiten crear personajes fotorrealistas sin mayor esfuerzo— sino la disposición de la audiencia a suspender la incredulidad cuando el resultado les resulta atractivo. Es el mismo mecanismo que hace que la gente se enamore de personajes de ficción, pero con una capa extra de ambigüedad intencional. ¿Es ético construir una relación parasocial sabiendo que la otra parte es código?
La IA no para de redefinir qué significa ser 'real' en internet. Estos influencers ficticios son solo el síntoma más obvio de una transformación mucho más profunda en cómo consumimos identidades digitales. Habrá que decidir pronto si queremos regulación o simplemente más transparencia. Fuente: Wired